Tuesday, December 24, 2013

Lo que yo sé del asesinato de Claudio Nasco

Claudio Nasco, un periodista cubano, radicado en la República Dominicana por más de diez años, fue torturado y asesinado el viernes 13 de diciembre en horas de la noche. A escasas horas del suceso, la Policía Nacional tenía bajo custodia a tres jóvenes que habían ya confesado, así como evidencias que avalan la conjetura que ellos conocían al comunicador y que habían participado en el crimen. La familia y vecinos de los presuntos asesinos también han indicado en cámara que por más de tres años veían al vehículo de Nasco rondar la comunidad y que era frecuente ver al alegado acusado irse en ese vehículo. Sin embargo, un sin número de preguntas quedan abiertas: ¿Por qué queman los celulares? ¿Por qué los ojos vendados si el occiso va al Motel voluntariamente? ¿Cómo si el comunicador era considerado como transparente y honesto por aquellos compañeros de trabajo, sostenía una relación a escondida por más de tres años sin que nadie supiera nada? Preguntas que han acaparado la atención pública y que posiblemente para la mayoría de nosotros quedarán sin respuesta por mucho tiempo. 

Ahora bien, como un observador que no conocía a la victima, ni a los presuntos acusados, creo prudente levantar la voz y decir lo que sé con respecto a este crimen, con la esperanza de que la muerte de Nasco adquiera significación más allá de la tragedia misma. 

Las decenas de puñaladas, más de 40 reportadas públicamente, se asestaron, de acuerdo a la versión policial, en un cuarto de un motel. Y yo me pregunto si es prudente o conveniente para una sociedad sumida en la criminalidad más rampante que existan espacios dónde dos (o más) personas puedan entrar, cometer un hecho de esta naturaleza y nadie darse cuenta si no hasta que entran a limpiar el cuarto. ¿Qué hubiera pasado si los asesinos deciden tomarse más tiempo? ¿Qué hubiera pasado si los asesinos hubieran decidido llevarse el cuerpo y disponer de él de otra forma? Me pregunto por qué las autoridades – Policía, Ayuntamiento o Turismo – no exigen que los dueños de estos negocios validen, requieran y registren una identificación (las de quien paga por el espacio, por ejemplo), antes de permitir a los usuarios a pasar a las facilidades. De esta forma, estos espacios concebidos para el esparcimiento íntimo fueran mucho menos atractivos para la consecución de actividades de carácter criminal violento como observamos frecuentemente en los medios. 

Desde el domingo a la fecha muchas voces se han levantado para felicitar la labor eficaz de la Policía, lo cual no dudo. Mas, sin embargo, la voz del liderazgo nacional, político, militar, eclesiástico o empresarial condenando tanto el hecho como la violencia con la que el mismo se llevó a cabo, no ha sido escuchada. Nadie ha orientado a la ciudadanía. Nadie ha indicado que, independientemente de las causas, el nivel de violencia con el que se cometió este asesinato debiera preocupar a todo el aquel que vive en la República Dominicana.  Hoy por hoy, el respeto a la vida del no nato se encuentre enquistada en nuestra legislación. ¿Y la vida del que ya ha nacido, esa no cuenta? ¿Dónde están las voces indignadas porque un dominicano ha sido ultrajado de una forma tan vil?¿Dónde están las voces que hagan entender al colectivo nacional que ningún ser humano merece morir torturado, amordazado mientras se desangra, , independiente de cualquier razón? ¿O es que el silencio debe indicar al colectivo que si eres homosexual está bien matarte así?¿Dónde están las voces que muevan la conciencia nacional a la compasión?¿Dónde están las voces que expliquen a los niños y niñas que están viendo y aprendiendo que este comportamiento no es correcto? ¿Dónde están las  voces que nos muevan, como sociedad, a mantener y cultivar nuestra sensibilidad frente al vulnerado? Y mantenerla no porque conviene al vulnerado (en este caso la persona ya está muerta) sino porque conviene al colectivo que somos. 

En este sentido, y de acuerdo con la versión circulada, la víctima y el acusado estaban involucrados en una relación donde tácitamente se ha implicado que la víctima halagaba al acusado con regalos pródigos para comprar sus afectos. Los familiares de los acusados consideran que esto generó el caldo de cultivo para el crimen. A prima facie, la falacia de esta premisa pudiera ser excusada en la incultura de las personas que la emitían. Sin embargo, desde la opinión lega de un observador neutro, la conveniencia parece ser un motivo más adecuado para la opinión expresada. Veamos. 

De acuerdo con ellos, Nasco era un “homosexual” que pervertía al acusado, que era “muchacho bueno”. Independientemente de la etiqueta utilizada, sabemos que la preferencia sexual de un ser humano se expresa sobretodo en la compañía sexual que prefiere. Si la compañía de elección es de tu propio genero, etimológicamente te cabe el epíteto de “homosexual”. Des o recibas, pagues o cobres, ames o mientas e independientemente de cómo elijas identificarte, como tantas veces en la vida, tu comportamiento te define. Permitir la diferencia conviene solo a los acusados y genera una doble moral que deshumaniza a las partes y perjudica a la víctima. Al final del trayecto, cuando dos adultos deciden libremente entrar en una relación de carácter íntimo, los móviles pueden servir para las consideraciones éticas pero, lo demás sólo parece una doble moral. Peor, pues al parecer, en este caso, esta doble moral es peligrosa ya que por una parte permite a una persona racionalizar matar a otra de la manera más desalmada (cuando con decir “no gracias” tal vez hubiera bastado) y por otra genera el silencio de una sociedad que llora.

Con respecto a que Nasco pervertía con regalos, yo me pregunto, cómo es este comportamiento distinto de aquel de ningún ser interesado sexualmente en otro. ¿O, es la primera vez que el objeto de la atracción es también objeto de regalos? ¿Cómo es este comportamiento, como alegaban sus familiares en la televisión, conducente, justificativo o atenuante frente a las puñaladas y a la muerte infligida? 

De igual forma, leí con profunda sorpresa la comunicación pública del modista Jorge Diep, a quien tampoco conozco.  En ella el Sr. Diep prácticamente justifica lo que le pasó a Nasco en que él se lo buscó; idea tan errada como cruel. Algo muy similar a (y tan ridículo cómo) la mujer físicamente abusada por su compañero sentimental y que justifica el maltrato de él en el comportamiento de ella.  Abusar de un ser físicamente más débil no se justifica; el asesinato cruel y despiadado de otro ser humano tampoco se justifica ni por los atributos sexuales o personales del acusado, ni por su profesión, ni por la curiosidad de la víctima, ni por los regalos hechos. Te lo busques o no, el crimen premeditado y alevoso sigue mereciendo el castigo máximo que nuestra legislación permite.   

Para continuar confundiéndonos aún más el Sr. Diep se diferencia de la víctima dada su creencia en Cristo (la del Sr. Diep). A ver si entendí:¿Cristo no mueve a Diep ni a  pedir justicia ni a ofrecer consuelo a aquellos que han sufrido el embate de una tragedia, si no  que lo mueve a distanciarse de la víctima y recomendarle cuidado? ¿Si esta es la compasión que ofrece un homosexual confeso (lo dice él en su comunicación), qué le podemos pedir a una sociedad desinformada? Si los homosexuales, y aquellos que los quieren, siguen optando por validar con su comportamiento el paradigma de que algo es intrínsecamente erróneo con dicho comportamiento,  continuarán de la forma más cobarde, validando acciones como ésta. Si los homosexuales no hablan de su realidad y de sus emociones, por difícil que sea, con su familia y con sus amigos, no pueden esperar luego, que esta sociedad tenga puntos de referencias que le permitan romper paradigmas y construir una identidad distinta. Identidad que luego permitiría construir los hechos en situaciones como estas con ojos de equidad. Si la sociedad conoce que los homosexuales son sus hijos e hijas, hermanos y hermanas, compañeros y compañeras, tíos, sobrinas, etc. le será mucho más difícil condonar con su silencio un crimen tan vil o pretender que no hay una respuesta ética válida a la versión presentada del pervertidor de menores creador de su propio monstruo.

Posiblemente, nunca sabré a ciencia cierta lo que puso a Nasco en una situación tan difícil, si fue la bajeza de sus pasiones o si llegó a ese motel amordazado y vendado víctima de una violencia que parece comerse a esta sociedad. Posiblemente, nunca estaré cómodo con la idea de que un ser humano le pague a otro por servicios sexuales o por intimidad. Hoy, aquí, lo que sí sé es que la vida es inviolable. Lo que si sé es que Nasco nunca debió haber sido maniatado, vendado, torturado y muerto. Lo que sí sé es que en la Ciudad no debieran haber espacios donde tres personas puedan entrar para torturar y matar y salir en total anonimato. Lo que sí sé es que han faltado voces líderes que nos recuerden que la vida humana es inviolable y que cuando se viola, particularmente con tal bajeza, violencia y odio, no sólo perdió la víctima, si no que perdimos todos.  Lo que sí sé es que han faltado voces que solidarizados con Nasco salgan a pedir respuesta de la Policía, de la Justicia y de la Sociedad como tal.  Lo que sí sé es que, como sociedad, por no entender, o por condenar, el comportamiento de uno de sus miembros, no es correcto condonar, justificar o simplemente callar ante un hecho tan horrendo como siniestro y sucio. Lo que sí sé es que mi silencio me hace cómplice. Eso sé.

Martes 17 de diciembre 2013